Una iniciativa de
ACCIÓN JOVEN Honduras
Prepararse para migrar es un proceso planeado en el que generalmente participan la persona, la familia, los amigos y los conocidos. El tiempo exacto para irse está determinado por diferentes factores, como disponer de una cantidad mínima de dinero, asistencia e información sobre lo que está por venir. Sin embargo, hay ocasiones en que las personas tienen que salir rápidamente, sobre todo cuando se ven forzadas a huir de la violencia. Al respecto, las mujeres migrantes refieren vivir más violencia sexual que los varones y las diferencias están determinadas por relaciones inequitativas de poder y control que se ejerce culturalmente en contra de ellas
La familia tiene que reorganizarse para asumir nuevas responsabilidades o tareas que generalmente asume la persona que migra. Se establecen nuevas reglas y roles. Sobre todo, para las mujeres y niños que son quienes frecuentemente se quedan y tienen que hacer que la vida siga su curso normal, aun sin sus seres queridos.
En esta etapa de la migración, el género juega un papel determinante para la salud sexual y reproductiva de las niñas y mujeres, ya que al ser la madre quien queda en el país de origen, afronta un contexto dificultoso debido a la falta de oportunidades y las múltiples violencias y discriminaciones que se dan en el país de origen. Por otro lado, al ser la madre quien migra, esta se ve expuesta a las distintas formas de violencia que se presentan en el tránsito hacia el lugar de destino, entre ellas la violencia sexual. Cabe señalar que en los casos en los que hay niñas en el hogar y el hecho de que sea el padre quien queda en el lugar de origen, puede llevar a vulnerar la seguridad y la salud sexual y reproductiva de las mismas, ya que en Honduras con frecuencia el padre de familia figura como el agresor en casos de abuso sexual y violación.

El cruce o paso fronterizo es una separación física y simbólica, es decir, una fase que hace sentir temor e incertidumbre, sin importar que el migrante lo haga con documentos legales o sin ellos. Si un migrante no tiene documentos, el cruce fronterizo puede involucrar a un “coyote” o “especialista en fronteras”, que ayuda a negociar el viaje. El migrante paga una cuota, hace planes y espera angustiosamente el momento de cruzar la frontera. Los migrantes indocumentados pueden cruzar muchas fronteras y ambientes nuevos en el viaje a su destino final y con frecuencia experimentan violencia, encuentro con patrullas de inmigración y otros peligros.

Sobrevivir y satisfacer las necesidades básicas son las cosas inmediatas más importantes en la primera etapa de la migración. Cuando los migrantes apenas llegan a Estados Unidos, suelen sentirse desconcertados, ya que tienen que enfrentarse a cosas nuevas. Muchas veces sienten que la realidad ha cambiado, como si estuviesen en un sueño o en una pesadilla.
El nuevo país presenta muchos obstáculos, como la amenaza de ser deportados por no tener documentos y tener que hacer frente a nuevos idiomas, lugares, personas y costumbres.

Una vez que un migrante decide quedarse en Estados Unidos, comienza el proceso de incorporación a la nueva sociedad. Por ejemplo, encontrar trabajo, aprender un poco de inglés, conocer la cultura local y establecer lazos con familiares, amigos y otros paisanos. Algunos consiguen la residencia por vía legal, pero aun así muchos migrantes siguen aislados de la sociedad norteamericana sin importar cuánto tiempo hayan permanecido allí. Este es un período continuo de adaptación y reajustes en la identidad y puede ser particularmente difícil en la medida que los migrantes tienen que enfrentar situaciones que no esperaban encontrar en Estados Unidos.


Muchos migrantes deciden regresar a sus hogares después de varios meses o años, motivados por la familia, el trabajo u otras oportunidades o debido a que sus planes no salieron como pensaban en Estados Unidos. El proceso de adaptación no termina con el regreso, ya que los migrantes, al llegar a sus hogares de origen, se dan cuenta de que la situación y las personas, incluidos ellos mismos, son diferentes a cómo eran cuando cruzaron la frontera.
Además, es importante tomar en cuenta que “el regreso” puede llevarse a cabo en contra de la voluntad de la o el migrante, ya que en innumerables casos son deportados por el sistema migratorio de México y Estados Unidos en las redadas que este realiza. Esto conduce a que nuevamente el o la migrante se exponga a los peligros del tránsito migratorio o a los riesgos en el lugar de origen que en algún momento fueron la razón por la cual decidieron migrar.
A lo largo de todas las etapas de la migración, las experiencias sexuales de las y los migrantes en tránsito por México están vinculadas con aspectos de coerción, abuso, desigualdad, inequidad y violencia sexual. Los migrantes identifican riesgos a los que se enfrentan en el tránsito y tienen escaso acceso a servicios que les permitan hacer efectivos sus derechos, incluidos los sexuales y reproductivos. Su vulnerabilidad los hace asumir la violencia y las agresiones sexuales como parte ineludible del trayecto y de su destino como personas.
Sin embargo, las mujeres sufren aún más debido a la forma diferenciada en que experimentan cada una de las etapas.
